Ayer me dijo la noche…

Hola a todos y a todas, fantasmas que alguna extraña vez leen mi blog y me suben las visitas ante mi cara de incredulidad de que alguien pueda estar leyendo lo que escribo. En primer lugar decir que no estoy escribiendo mucho últimamente, ni el blog ni la novela que llevo mil años escribiendo y algún día publicaré. Me encuentro en una especie de vacío inspiratorio y motivacional que me aleja de escribir. Y pensaréis, ¿entonces por qué estás escribiendo ahora? Pues tiene una explicación. Hace poco más de un año ahora que empecé a escribir el blog y mi situación no ha variado mucho. Me encuentro casi en el mismo lugar, salvo varios matices de diferencia. Sólo me acompaña la soledad. Y Los Planetas en bucle ya de paso. Pero, a lo que iba, como alguna vez he dicho ya, cuando me siento solo mi mente me teletransporta a lo ideal, y vuelvo a pensar en mi amor platónico. Pero os explicaré cuán enrevesada es mi mente para llevarme hasta tal punto: allá por el frío febrero de 2014 (ya ha llovido desde entonces…) fui a visitar a esta chica, por no repetirme con lo de amor platónico la llamaremos “La Pianista”. Era fin de semana, había cogido un tren regional y me había plantado allí en una pequeña ciudad para mí desconocida por el mero hecho de verla. El caso es que el sábado por la noche paseamos bajo la luz de las farolas y ella me llevó a trasnochar al bar más bohemio de la ciudad, el Café Época de Albacete, allí nos tomamos unas cervezas y hablamos de mil cosas. Casi puedo oír su voz hablándome de su infancia y de literatura. Podría contarte si quisiera la conversación entera pero los recuerdos íntimos de otra persona no son historias que contar en público. Lo que sí diré, y aquí es donde quería llegar, es que este antro mágico donde compartimos tan íntimos recuerdos estaba decorado por carteles de películas, letras de canciones, fotos antiguas y poemas, algunos famosos otros anónimos. A mí me llamó la atención uno, pequeño, delicado, simple, magnífico. Le saqué una foto (pero la perdí) y lo memoricé más o menos. Decía así:

Ayer me dijo la noche
que adónde andaba sin ti.
Yo le contesté a la noche
que me lo dijera a mí.

Hoy he tratado de recordarlo y he acabado descubriendo que es parte del libro Burro de noria de Pedro Beltrán. Dejando a un lado aparte esto, la razón por la que he intentado recordarlo es porque después en el papel de la pared donde lo leí ponía en letras más pequeñas “fandango” y mientras escuchaba en bucle Los Planetas en el spotify he visto que después de la magnifica canción “Ya no me asomo a la reja” ponía “fandango“.A partir de ahí mi mente se ha montado la película. Asombroso. Y desde entonces llevo varios días pensando en La Pianista hasta niveles de hablar con desconocidos de piezas de piano que escucho porque ella me las recomendó y me recuerdan su presencia. Así que como quien toca las últimas notas de una obra, aquí estoy yo escribiendo las últimas palabras de esta entrada, mientras ando otra noche solo, sin que me acompañe nadie salvo la soledad.

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