El retorno del rey

Estoy feliz, eufórico, exaltado. Me han quitado una práctica del lunes, he merendado tarta y he vuelto a practicar mi deporte. Tenía mono ya, cuatro meses en el dique seco. Haciendo deporte he vencido a casi todos mis rivales, sólo he perdido una vez de seis. Además, cuando haces deporte no piensas en tus problemas ni te rayas. Es cierto. Quizás no lo es. Puede que lo pienses pero no es problema, yo si lo hago me dedico a encarar a mi rival con más furia. Me desahogo. Descargo en él toda mi rabia sea quien sea. Me dedico a tratar de ganarle. Sin perdón. Mente fría. Sangre fría. Después de la puta semanita que llevo necesitaba un día así. ¡Joder sí, vaya que si lo necesitaba! “Oh yeah, papi ha vuelto madafakas”. Todo está en ponerte metas que sean difíciles pero estén a tu alcance con algo o mucho esfuerzo. Todo es tener un objetivo e ir de lleno a por él. Es como el centro de una diana, todos apuntan a él pero no siempre se consigue acertar de pleno en él. Unas veces te quedas cerca de darle al centro y otras ni siquiera das en la diana. Este último caso es lo que me debe de pasar a mí con las relaciones. Nunca acierto. Parece como si tirase con los ojos cerrados. Algún día daré en el centro de la diana aunque fuera literalmente. Por ahora me conformaré dándole al rival quien quiera que sea que tenga delante.

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