Buscando a Nemo

Lo típico, seguro que a ti también te ha pasado. Te lías con una chica, habláis como si no hubiera mañana, estáis así así, que no sabes muy bien si estáis de rollo o qué carajo es lo que sois y ella te hace creer que le gustas y le importas muchísimo, y tú pues te lo vas creyendo… Luego otro día la ves de fiesta, no te dice ni una palabra, pasa de ti todo el tiempo y al rato la ves enrollándose con un tío al que acaba de conocer. Luego la gente se pregunta por qué me estoy volviendo tan cabrón, pasota e insensible. Que ahora desconfío de todo dios y no tengo ni un ápice de romanticismo. Ahí es cuando el enterado de turno suelta: “es que te las buscas muy putas”. Claro, con eso lo arreglas todo, como si supieras lo que busco yo en una tía. Y aquí llegamos a la más repetida de todas las frases: “hay más peces en el mar”. Evidentemente que los hay pero joder, tampoco es que esté buscando al puto Nemo. Voy a la calle, a bares, a la facultad, y veo miles de tías a lo largo de una semana, veo canis, pijas, góticas, estándar, alternativas, metaleras, hippies o de la etnia urbana que se me antoje y ninguna que me llame la atención. Insensible. Ni me inmuto. Las veo y pienso: ¿Merecerá la pena perder tiempo en conocer alguna de ellas? Bueno, siempre hay excepciones, no lo niego. En mi caso pocas y cada vez menos. Pasota. A este paso pronto dejaré de creer que encontraré a mi pececillo algún día. Dentro de poco pasaré de escéptico a estoico. Antes si podía darle un palo a alguien lo más probable es que no se lo diera fuese quien fuese, quizás lo daba si la persona no me caía bien. Ahora si tengo la ocasión de darle un palo a alguien no miro ni a quién se lo doy, sencillamente lo hago y punto. Cabrón. No me importa serlo. Con el tiempo disfrutas siéndolo, sí, he de reconocer que me gusta serlo. Poquito a poco me voy creando una coraza defensiva. Quizás es un camino de no retorno, como el que va en canoa hacia una catarata. No me importa. Los que me conocen se preocupan porque notan que estoy cambiando. Yo les digo que lo que no me mata me fortalece y es cierto. Insensible. En otras palabras, me la suda. Soy así. Si no te gusta pues a otra cosa mariposa. A ver si lo entiendo, yo no puedo ser un cabroncete insensible con las tías pero las tías pueden putearme y jugar conmigo como les dé la gana. Doble moral. ¿Quién no lo ha pensado alguna vez?

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